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miércoles, 2 de mayo de 2018



          

                                CAMINO DE IBERMEDIA




               El cine en los países de Iberoamèrica desde sus inicios tuvo vitalidad, atravesó crisis, pero era un mercado amplio para las películas en español. En España la industria del cine se enfrentó a la revolución del cine hablado y a la avalancha de producciones extranjeras atractivas al iniciarse la transformación del cine en  sonoro. Los productores españoles querían  tener ayuda del Estado. Consiguieron interesar a los políticos y el Gobierno  de Primo de Rivera mostró una preocupación especial por el cine. Pedro Sangro, Marqués de Guad el Jelu, fue el encargado de poner en marcha el proyecto de Fernando Viola de celebrar un Primer Congreso Hispanoamericano de Cinematografía. Se iniciaron los preparativos en 1929 concediéndole oficialidad y personalidad jurídica en 1930. La inauguración del Congreso tuvo lugar ya durante la República del 2 al 12 de octubre de 1931. El Congreso se centró principalmente en el cine español, teniendo claro la colaboración entre la industria del cine de los países hispanoamericanos, como recogen las Conclusiones, que resumen al final con la necesidad de prohibir el doblaje y fomentar la colaboración entre las cinematografías hispanoamericanas, que debían formar un único territorio cinematográfico. El Congreso fue clausurado por el Presidente de la República, Alcalá Zamora, con un discurso en el que mostraba confianza sobre el futuro del cine español . Entre los logros del Congreso está la creación de la Secretaría Permanente del Cine Hispanoamericano. Los buenos propósitos  se fueron dilatando. Por eso en 1935 Florentino Hernández Girbal denunciaba en un artículo “se ha parado el reloj”  y el director Eduardo G. Maroto decía una frase, que después han repetido en sus reivindicaciones los profesionales del cine: “justicia al cinema nacional”.


Río escondido


      No se olvidó el Congreso de Cine celebrado en 1931, por lo que se celebró en junio de 1948 el I Certamen de Cine Hispanoamericano, que adoptó el lema reivindicativo del Sindicato de la Cinematografía mexicana: Igualdad, derecho y justicia, y el emblema, un Pegaso de color blanco sobre fondo azul. Las Conclusiones más importantes de los debates fueron: el libre intercambio cinematográfico entre todos los países de lengua española; la libre contratación de profesionales de este área; normas flexibles y precisas de censura; supresión del doblaje; y fondos para las Cinematecas Asimismo se intercambiaría información sobre los estrenos de películas. Y se fundó la Unión de la Cinematografía Hispanoamericana para llevar a cabo las medidas aprobadas en las Conclusiones. El Certamen había establecido tres Primeros Premios, que corresponden a Locura de amor (España), de Juan de Orduña, Dios se lo pague (Argentina) de Luis César Amadori y Río escondido (Mèxico) de Emilio Fernández y tres Segundos  Premios concedidos a Don Quijote (España) de Gil, A sangre fría (Argentina), dirigida por Daniel Tynayre y La otra (México) de Roberto Gavaldón. Los Premios a la Dirección correspondieron a los directores de las películas que habían obtenido los Primeros Premios. Se creó el Premio Cervantes para las películas que enalteciesen los valores de la hispanidad más tradicionales.


Nacha Regules

            En 1950, del 15 al 26 de mayo, tuvo lugar el II Certamen de Cine en Madrid, en el edificio del antiguo Senado. Se aprobaron los Estatutos de la Unión Cinematográfica y distintas propuestas para favorecer las coproducciones, reiterándose la petición de supresión del doblaje. Por unanimidad se acordó publicar un Anuario de la Cinematografía Iberoamericana, cuya primera edición fue en 1951. Se firmó el Convenio Hispanoamericano de Intercambio, para un número indeterminado de películas, siempre que hubiese reciprocidad. Y un sistema de seguimiento para control de los cobros. Las películas a Concurso se proyectaron en el cine Rialto. El Premio Miguel de Cervantes se concedió a Pequeñeces (España) de Juan de Orduña. Hubo dos Primeros Premios para El dolor de los hijos, (México), de Miguel Zacarías, y Nacha Regules, (Argentina), de Luis César Amadori. El Premio a la mejor Dirección fue para Juan de Orduña y Mención para Daniel Tynaire por la película argentina Danza de fuegoEl Tercer Certamen se celebró en Buenos Aires, en 1965.



Palacio de las Naciones


    Y al año siguiente, 1966, se celebró en Barcelona, en el Palacio de las Naciones en  el marco de la Semana de Cine en Color. Las Conclusiones fueron importantes y se refieren a medidas para aumentar las coproducciones y a la creación de un mercado común  de cine hispanoamericano; también la disminución del doblaje y la utilización de un léxico común, sin modismos, para los subtítulos, y la creación de un tribunal para resolver posibles conflictos en las coproducciones. Entre los participantes recuerdo por parte argentina asistieron Héctor Oliveras, Nicolás Carreras, Ramón Viñoly, Daniel Tynaire y Ramón Borrás. Los participantes mexicanos fueron Fernando de Fuentes, Felipe Mier Jr., Gonzalo Elvira, Juan Bandera Molina y Joaquín Molina. La delegación cubana estaba integrada por Raúl Taladrid y Manuel Samperio. Por parte española hubo una amplia representación, asistiendo Gregorio Marañón, Director General del Instituto de Cultura Hispánica y José María García Escudero Director General de Cinematografía y Teatro. 


Manuela

      Desde que ví las películas dirigidas por Emilio Fernández me había fascinado el cine iberoamericano, por lo que organicé el I Encuentro de Cine Iberoamericano, al mismo tiempo que el Certamen. Era la primera vez que se iban a proyectar películas de la Cuba revolucionaria de Fidel Castro: Vaqueros del caucho de Oscar L. Valdés, y Manuela de Humberto Solás. La presencia de estas películas cubanas provocó un incidente con el Sindicato Nacional del Espectáculo español, que solicitó su retirada o la suspensión del Certamen. Las sesiones se reanudaron tras el almuerzo, en base a mi argumentación de que en esta ocasión eran dos Manifestaciones Paralelas e independientes. No lo organizamos el año siguiente, pero reclamado por la prensa celebramos dos nuevos Encuentros en 1968 y 1969, que descubrieron un cine innovador. En los años siguientes el Encuentro quedó integrado en la Semana Internacional de Cine en Color, que ya en su tercera edición, 1961, había conocido el éxito con la interesante película peruana, Kukuli, obra colectiva de Luis Figueroa, Eulogio Nishiyama, César Villanueva y Emilio Galli.




Ibermedia


            La Conferencia de Ministros de Cultura de Iberoamérica que se celebró en Madrid el 25 y 26 de junio de 1997, estaba presidida por Esperanza Aguirre, Ministra de Educación y Cultura de España, quien propuso un aumento de las coproducciones en el cine iberoamericano, para lo que habría que crear un Fondo común de ayudas, como una medida imprescindible para su fortalecimiento. Entonces yo era Director General del ICAA y oí comentar a dos diplomáticos argentinos: Ya se intentó con el nombre de Ibermedia y fracasó. Es un proyecto imposible. Me gustó el nombre y como responsable de la política cinematográfica española viajé a México y Argentina donde me reuní con los Directores del Instituto mexicano de cine, IMCINE, Diego López Rivera y luego Eduardo Amerena ,  y en Argentina con los directores generales del INCAA, José Miguel Onaindia y posteriormente con Jorge Coscia, que apoyaron con entusiasmo la idea. Se lo comunicamos a la Conferencia de Autoridades Cinematográficas de Iberoamérica (CACI), que también se mostró partidaria de la puesta en marcha de Ibermedia, dando gran colaboración su Director, Abdel Guerere. La propuesta se la comunicamos al Ministerio de Asuntos Exteriores español, que la introdujo en la agenda de la Cumbre de Jefes de Estado de Iberoamérica. celebrada en Isla Margarita (Venezuela), 8 y 9 de noviembre de 1997, que aprobó el Programa Ibermedia.


Reunión  del Comité en Cartagena de Indias




    
     Redactamos el Reglamento en Mar del Plata, 21-28. XI, 1997, que se terminó en Guadalajara, entre el 1 y 12 de marzo, 1998 y Madrid, 15-16, junio de 1998, con participación de todos y con aportaciones de valor, como las del Director de Cine de Portugal, José Pedro Ribeiro y las de los representantes del ICAIC (Cuba), Benigno Iglesias y de Chile, Ignacio Aiaga. Creado el Fondo con las aportaciones anuales de los distintos países iberoamericanos, nombrada como directora ejecutiva a Elena Vilardell, en La Habana se resolvió la primera Convocatoria de Ayudas, concediéndose en las distintas categorías ayudas a 118 ¡royectos. En las reuniones de Ibermedia participaban como miembros los Directores Generales o Subdirectores Generales, en el caso español a parte de mi asistencia como Director General del ICAA hasta junio de 2004, participaba activamente la Subdirectora General de Fomento. Beatriz de Armas. Ibermedia ha impulsado las coproducciones y concedido ayudas a distribución y promoción. La clave de su éxito ha sido la flexibilidad y generosidad con que actuaron en sus primeras ediciones todas las autoridades cinematográficas de los Estados Iberoamericanos. Hoy la producción iberoamericana supera a la norteamericana, pero su cuota de mercado es la décima parte que la de las películas de Hollywood. El actual reto es el marketing y la distribución. Convendría reanudar las conversaciones que se abrieron con MPAA y productores chicanos sobre su participación en películas habladas en español o portugués y sobre promoción. Ahora Hollywood está siendo la plataforma de lanzamiento de directores iberoamericanos.











domingo, 22 de abril de 2018

   


           
                  LAS CLAVES DE LA NOUVELLE VAGUE
         





       A finales de los 50 un numeroso grupo de jóvenes cinéfilos se lanzó a rodar sin artificios por las calles con escasos medios, fue nouvelle vague. El nombre se tomó del artículo de François Giroud en L´Express, 3. octubre, q957 y de su libro de gran éxito,” Nouvelle vague: porrtrait de la jeunesse”, en los que analizaba el deseo de cambios de la juventud en general. Sin embargo, se utilizó la expresión nouvelle vague para designar a los jóvenes que deseaban cambiar el cine. La mayoría críticos que escribían en Cahiers du Cinéma y frecuentaban la Cinemateca, se reunían en Cineclubs y participaban en el Festival de Cine Maldito de Biarritz.  Entre los más activos estaban François Truffaut, Jean-Luc Godard. Eric Rohmer, Jacques Rivette, Jacques Demy, François Reichenbach, Allain Resnais, Claude Lelouch, Georges Franju o Doniol Valcroze. El inicio se sitúa, según Jean Douchet, en Le coup du berger de Rivette en 1956. Los jóvenes cineastas compartían los criterios del cambio imprescindible y acusaban a directores veteranos de esteticismo y caligrafía. Respetaban a algunos renovadores, como Jean Cocteau, Jean Rouch, Jean Renoir, Max Ophuls, Clouzot o Robert Bresson. La nouvelle vague defendió la importancia del lenguaje y demostró un notable aprecio por Hitchcock, Preminger o Hawks y una admiración por el cine norteamericano de bajo costo, como el que querían realizar.  Rodaron numerosos cortometrajes de ficción en 16 milímetros. Junto a la necesidad del cambio,  desarrollaron la teoría del cine de autor, identificado en el director.


Une vie
   

André Bazin y  Alexandre    Astruc, inspiraron gran parte del pensamiento de la nouvelle vague. Astruc dirigió películas minoritarias en las que desarrolló su teoría de la “camera-stylo”, según la cual el cineasta tiene la misma libertad con su cámara que el novelista con su estilográfica o máquina de escribir. Esta idea permite a la nouvelle vague establecer la teoría del director autor. Sus ideas las transmite en dos cortometrajes Le rideau cramoisi (1952) y  Les mauvaises rencontres (1955), ambos están interpretados por Anouk Aimée. Más tarde, al dirigir Une vie (1957) desconcertó a sus seguidores al cambiar de estilo, pese a su fondo irónico. Es una obra llena de lirismo, que conserva el pesimismo de la novela adaptada de Guy de Maupassant. Excelente interpretación de Christian Marquand y María Schell, un matrimonio tranquilo, que se ve desestabilizado, al encapricharse el marido de la camarera de su mujer (Pascale Petit) y después de la mujer de un amigo (Antonella Lualdi). Es una lección del empleo del color, resultando inolvidable Pascale Petit, con su vestido amarillo en una atmósfera verde oscura. Continuó con su búsqueda de un lenguaje nuevo, principalmente. 
      


Los cuatrocientos golpes



                         Tras realizar cortometrajes de ficción, François Truffaut dirige Los cuatrocientos golpes (1959), la historia de un chico de trece años, Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud). Fue un grito sincero sobre la situación de los chicos que quieren aprender a vivir. Truffaut intentó innovar con su segundo largometraje, Disparen sobre el pianista (1960), sin gran aceptación del públic0. Tras el que rodó una película muy distinta, Jules y Jim (1961), adaptación de la novela del mismo título de Henri-Pierre Roché y que está entre sus mejores realizaciones. En Jules y Jim, Catherine (Jeanne Moreau) encarna la mujer libre e independiente de manera natural, y Jules (Oskar Werner) y Jim (Henri Serre) la amistad y la comprensión, que no impide el fracaso de la relación entre los tres.  La oportunidad para proseguir la crónica de Antoine Doinel surgió al encargarle un episodio para El amor a los veinte años (1962), junto a Marcel Ophuls, Renzo  Rossellini, Andzrej Wajda y Shintaro Ishihara. Truffaut dirige el titulado Antoine y Colette, que posee la frescura de los amores adolescentes. Antoine (Jean-Pierre Léaud), de 16 años, trabaja en una casa de discos y está dispuesto a enamorarse. Ocurre cuando conoce a Colette (Marie-France Pisier).



Jules y Jim

        Sus tres películas siguientes tienen como nexo el empeño en descubrir nuevas formas de lenguaje. Son La piel suave (1964), Farenheit 451 (1966) y La novia vestía de negro (1967). Farenheit 451,  adaptación de la novela de Ray Bradbury, con dos actores de moda, Oskar Werner y Julie Christie. La voz de Charles Trénet, cantando sobre los títulos de crédito y los de salida de Besos robados (1968), marca el tono de adolescencia, nostalgia y vitalidad de esta nueva película del ciclo Antoine Doinel: “Bonheur fané / Cheveux au vent / Baisers voles /Rêves mouvant / Que reste-t-il de tout cela / Dites-le moi?”  Truffaut se acerca de nuevo Antoine Doinel (Jean Pierre Léaud) y Christine (Claude Jade). consolida su estilo. Escenas yuxtapuestas, movimiento intenso de cámara y panorámicas en el interior de los planos buscando detalles. Doinel conoce el amor imposible con la bella esposa de su patrón, Fabienne (Delphine Seyrig).  En la serie de películas dedicadas a Antoine Doinel, Truffaut se mantiene fiel a la filosofía de la nouvelle vague.



Domicilio conyugal


En 1969 dirige La sirena del Mississippi, basada en la mejor novela de William Irish, pero su adaptación requería una película de seis horas o una miniserie, aunque Jean Paul Belmondo y Catherine Deneuve están extraordinarios. El pequeño salvaje (1969), es una reflexión lúcida sobre uno de sus temas favoritos, la importancia de saber leer y de la cultura, basada en un hecho real, la captura de un niño en estado salvaje en Aveyron en 1793. Domicilio conyugal se rodó en el momento más acusado de su búsqueda expresiva. Oscila entre el orden matrimonial y el anarquismo juvenil. Formalmente es una prolongación de Besos robados, Christine (Claude Jade) y Antoine (Jean-Pierre Lèaud y se enfrentan a los problemas naturales de un matrimonio. Christine y Antoine son padres de un bebé y Antoine recibe a una delegación japonesa y se enamora fulminantemente de Kyoko (Señorita Hiroko).


La noche americana


         Las dos inglesas y el amor (1971), adaptación de la novela de Henri-Pierre Roché, escrita tras Jules y Jim, sobre dos mujeres, Anne (Kila Markham) y Muriel (Stacey Tender), que se disputan el amor de Claude (Jean-Pierre Léaud). Necesitaba animarse de la mala acogida de Dos inglesas y el amor y decide dirigir Una chica tan decente como yo (1972), adaptación la novela de Henry Farrel, policíaca, una película menor, pero interesante, divertida, protagonizada por Bernardette Laffont. Truffaut vuelve a tener un gran éxito con La noche americana (1973).  Y vio en la televisión a la actriz Isabelle Adjani, impresionándole vivamente, hasta el punto que decidió poner en marcha Diario íntimo de Adèle H. (1975), con el fin de que fuese la protagonista de esta historia de rasgos trágicos. Más tarde trata de nuevo problemas de la infancia en La piel dura (1976) y dirige el relato de un hombre que dedicaba su vida solo a poseer mujeres y a la lectura en El amante del amor (1977). Unos años más tarde, recordó su propósito de ocuparse de la vida de Antoine Doinel, si había novedades en su matrimonio y escribe y dirige El amor en fuga (1979), que sobresale por su construcción dramática, mostrar la realidad y las contradicciones del mundo de la pequeña burguesía.



Sin aliento



       Frente a la forma tradicional de rodar surge Jean-Luc Godard, que sorprende con las imágenes de Jean Seberg cubriéndose con el “New York Herald Tribune” en Les Champs Elysées y Jean Paul Belmondo escapando de la policía en Al final de la escapada o Sin aliento (1960). Godard pensaba que Preminger, la fuerza e Walsh o Bresson habían llevado la expresión cinematográfica a sus límites máximos, por lo que había que inventar un nuevo lenguaje. Elige la fragmentación, un “collage” de expresión cinematográfica, literaria y periodística. La decisión de rodar con la cámara al hombro, marca su estilo, que lo adopta para rodar más rápido. Al final de la escapada es un homenaje al cine de ganasteis y ya contiene el gusto de las referencias o citas, al cine, así indica que la actuación de Jean Seberg es una continuación de su vida en Buenos días, tristeza  de Preminger, solo que tres años más tarde.  Godard exhibe un estilo iconoclasta, y su irritación ante el sistema, convirtiéndose en el director más polémico en todo el mundo. Godard realizó a continuación un curioso experimento, Una mujer es una mujer (1961), que entonces consideraba su mejor película, pese a su escaso éxito de público. Empleó por primera vez el color de manera notable, y también por vez primera el sonido directo y el Cinemascope, que le pareció un auténtico descubrimiento para este tipo de historias, reservando el formato 1x1, 33 para temas más duros.


Week End

        Una mujer es una mujer (1961) es un homenaje al cine musical con parte del diálogo cantado, está interpretada por Anna Karina y Jean Paul Belmondo. Anna Karina es también protagonista de su siguiente película Vivir su vida (1962), historia de una empleada, que elige el camino de la prostitución, aunque, en realidad, “simplemente se “deja llevar”, según afirma Godard. Y Anna Karina vuelve a ser protagonista en Le petit soldat (1963), prohibida en Francia durante tres años. Realiza una de sus películas representativas, El desprecio (1963), mostrando las dificultades de rodar para un gran estudio de cine con Brigitte Bardot, Michel Piccoli, Jack Palance y Fritz Lang. Este ciclo de películas se cierra con Pierrot el loco (1965). Trata de una pareja y de un viaje, mezcla de la verdad y lo falso, de la tentación de la vida idílica y la atracción por el submundo. Godard inicia su fase maoísta, despierta sensaciones con el uso del color y refleja la violencia de la sociedad, iniciando esta etapa más política y anárquica, claarmente maoísta con La chinoise (1067), un grupo de estudiantes tratan cómo derrotar a la burguesía occidental y a la soviética y  Week end (1967), un largo viaje en coche a casa de sus padres de un matrimonio joven, ella frívola y coqueta, y él divertido y enamorado de su automóvil. En este viaje  vivirán de todo: accidentes, peleas, encuentro con beatniks, quema de coches, un milagro que convierte una caravana de automóviles, y la irrupción de un ejército de liberación. Godard crítica la sociedad burguesa y es imaginativo, improvisador y ensayista político. Desarrolla su fase maoísta junto a la joven anarquista Anne Wazenski, Jean´Pierre Gorin y otros jóvenes, crea el grupo Dziga-Vertov y ensaya la creación colectiva y experimental, rodando en 16 milímetros.





            Cambia de estilo para difundir mejor sus ideas con Todo va bien (1973) con Yves Montand y Jane Fonda. Ese mismo año rechaza todas sus ideas marxistas en Carta a Jane (1972), realizada con Jean-Pierre Gorin sobre imágenes de Jane Fonda en Vietnam del Norte y la política que se iba a implantar. Número dos (1973), realizada con Anne Marie Meville, es un film experimental, que se inicia con una reflexión de Godard sobre las diferencias entre su forma de producir y la de los grandes estudios, sean de Los Ángeles o de Moscú; divide la pantalla en dos para simultanear dos acciones e introducir comentarios y en esta parte se sigue a una joven familia en una vivienda social, su cotidianeidad, problemas económicos o sus relaciones sexuales. Comment ça va? (1976) escrita con Anne Marie Meville, se inicia con la conversación en un periódico comunista entre un sindicalista veterano y una joven periodista acerca del corto que realizan en el que hay unas imágenes relativas la revolución de los claveles en Portugal y cómo los comentarios pueden cambiar el sentido, no hay verdad, sino “no verdad”. Recuerda su film Le gai savoir (1968), que trata en un estudió de televisión el discurso capitalista y la necesidad de cambiar el vocabulario antes de hacer la revolución, y similar al tono vitriólico de Carta a Jane. Six fois deux/Sur et sous la mmunication (1976), serie para la televisión realizada con Anne Marie Meville y compuesta de seis capítulos de dos episodios cada uno, emisiones para televisión y cine; en unos dialoga Godard sobre distintos temas y en el segundo lo protagoniza un trabajador, un agricultor o un relojero. Godard ha proseguido hasta hoy realizando obras para la televisión y el cine siempre radical,  político y experimental. Realiza películas hasta hoy, Le livre d´image (2017), seleccionada en el Festival de Cannes.


Paris vu par


      La nouvelle vague había triunfado con Los cuatrocientos golpes  de François Truffaut y con Al final de la escapada de Jean-Luc Godard), pero el fracaso de público de la siguiente película de Truffaut, Disparen sobre el pianista y de la de Godard, Una mujer es una mujer, permitió que sus adversarios, críticos y directores tradicionales, iniciasen un feroz ataque contra la nouvelle vague. Fracasaron también Signe du lion (1959) de Eric Rohmer, producida con ayuda de Chabrol y Paris nous appartient de Rivette que la terminó en 1961, ayudado por Truffaut. Truffaut y Godard volvieron a conquistar el éxito, como Chabrol o Malle. 160 nuevos directores surgieron, de los que un centenar iban a permanecer. La filosofía de nuevos contenidos y la innovación en la realización y producción causaron impacto en todo el mundo. Igual que muchos jóvenes, Barbet Schroeder decidió iniciarse en la producción, antes de dirigir, comenzando por ayudar a Eric Rohmer, que había tenido que subsistir como redactor jeje de ·Cahiers”, a finalizar su primer Cuento moral (1962), que rodó en 16 mm. A continuación produjo, también en 16 mm., con copias en 35, París visto por… (1964), un auténtico manifiesto de la “nouvelle vague” y con el principio de un equipo de cuatro profesionales por película: director, ayudante, operador y técnico de sonido.. Un film divertido, formado por varios episodios, que nos introducen distintos barrios de Paris. Un hogar burgués del Distrito XVI permite a Claude Chabrol mostrar su humor negro; Jean Gouchet nos enseña el ambiente social de Saint Germain-des-Prés, Jean-Luc Godard d'vierte con los equívocos de una joven y sus amantes en en Montparnasse y en Levallois; Jean Daniel Pollet se acerca al mundo de la prostitución en la calle Saint Denis. La Place de l´Etoile  el metro sirven a Eric Rohmer para reflexionar sobre la angustia de un empleado de una camisería; y en Gare du Nord es Jean Rouch, quien  muestra la intervención del azar en la vida de una mujer a punto de fugarse.


La mujer infiel

Claude Chabrol era diplomado en cine por el IDHEC y poseía una extraordinaria destreza en la construcción de personajes. El bello Sergio (1958) es de las primeras películas en llevar al cine las teorías que defendía “Cahiers du Cinema". Describe la amistad, en la campiña francesa, entre un joven, de regreso a su pueblo procedente de la ciudad, que reencuentra a su viejo amigo, el bello Sergio, que se siente fracasado, se emborracha y su matrimonio tiehe problemas.  Chabrol profundiza en el contraste entre la vida en la ciudad y en el campo. Rodada con pocos medios es la mejor película de Chabrol; junto a Los primos (1959). Ambos guiones escritos simultáneamente, rodando Los primos en segundo lugar por ser más complejo el rodaje. En esta ocasión Chabrol mueve constantemente la cámara y utiliza la profundidad de foco para encuadrar las acciones de varios personajes, sin tener que recurrir al montaje. Es el reverso de su primera película, un joven de pueblo, Charles (Gerald Blain) llega a París a casa de su primo, Paul (Jean-Claude Brialy) un conquistador. Charles se enamora de Florence (Juliette Mayniel), que se convierte en amante de Paul y todo conduce a Charles a ser un perdedor. La película tiene secuencias excelentes, como las que suceden entre estudiantes, las fiestas del Paul con innumerables chicas o la timidez que muestra Charles al enamorarse. Su siguiente película sigue en la línea de la nouvelle vague, A doublé tour (1959), retrato de la burguesía francesa, pero no tiene éxito de público, como las cuatro siguientes, entre las que se encuentra una de sus mejores películas, Les bonnes femmes (1960), la vida y los sueños de cuatro dependientas.



El carnicero

 Chabrol vuelve a interesar al público con su episodio de Paris visto por…  y Landrú (1962). Es una de las aproximaciones logradas a este personaje, como el Verdoux de Charles Chaplin. Landrço, bien interpretado por Charles Demmer. Durante la I Guerra Mundial, con el fin de conseguir recursos para mantener a su mujer y cuatro hijos, se dedicó a enamorar a mujeres maduras, once en total, a las  que después asesinaba, quedándose con su dinero. El guion de Françoise Sagan, sobresaliendo la emergente, Stéphane Audrane. A partir de ahora prácticamente todas sus películas tendrán éxito, Tigre (1965), María Chantal contra el Doctor Khia (1965), ironía sobre las películas de género y espionaje o Accidente sin huella (1967). Stéphane Audran que había trabajado en Los primos se convierte en protagonista de la mayoría de sus siguientes películas de esta fase, encarnando un muchas de ellas el personaje de burguesa fría, amoral, vértice de algunos triángulos característicos, destacando en Champaña para un asesino (1965),  Les biches (1967), La mujer infiel (1968), El carnicero (1970) o Al anochecer (1971). Chabrol rodó películas hasta 2010.



Zazie en el metro



     Contaba con experiencia profesional en el cine Louis Malle, cuando con planteamientos originales realizó sus dos primeras películas protagonizadas por Jean Moreau, Ascensor para el cadalso (1957), intriga policíaca mórbida y sensual, un antiguo marino (Maurice Ronet) comete un crimen con la ayuda de su amante (Jeanne Moreau) y queda encerrado en el ascensor, y Los amantes (1958), cuya protagonista casada (Jeanne Moreau) se enamora de un joven (Jean-Marc Bory) en un viaje y a partir de entonces todos sus actos estarán dominados por este intenso amor “fou”. Tiene escenas eróticas bellamente rodadas, que contribuyeron al prestigio de Malle. Estas dos películas, junto a las primeras de Chabrol son muy representativas de la nouvellle vague. Un reto distinto fue Zazie en el metro (1960), al trasladar al lenguaje del cine el estilo del “Nouveau roman”, adaptando la novela de Raymond Queneau. Un tema aparentemente sencillo, una niña de 12 años llega a París con la ilusión de montar en metro, algo que no conseguirá al haber ese día huelga.  Zazie es una comedia disparatada, divertidísima, que ofrece una visión ácida de París y sus habitantes a través de los ojos de esta descarada niña. Malle para captar el “Nouveau roman” se inspiró en las películas del cine mudo y en las de dibujos animados, obteniendo un resultado original.

        Muy distinta es Vida privada (1961). Malle combina documental y ficción para contar como una discreta joven (Brigitte Bardot) que vive apaciblemente en Ginebra, va a París y se convierte en una popular estrella; agobiada por su fama, decide retirarse volviendo a Suiza, pero no puede vencer el atractivo de ser famosa. Buen drama sicológico. Desarrolló luego su estilo provocador y su actitud frente a convencionalismos. Se atrevió a adaptar una novela de Drieu de La Rochelle, marginado por sus ideas fascistas, Fuego fatuo (1963), brillante realización de atmósfera funeraria sobre la depresión y el suicidio. En 1968 en el documental rodado en India, Caluta, aborda los distintos y contradictorios aspectos de esta gran ciudad.  El soplo al corazón (1971) provoca al tratar el tema del incesto. Igual que en el excelente Lacombe Lucien (1974), film polémico sobre el colaboracionismo francés con los nazis en 1944. Malle eligió temas que permanecen en el recuerdo y es un maestro del lenguaje del cine.


Muriel

        Entre los primeros  que iniciaron la nouvelle vague está Alain Resnais, pero forma parte de la misma con criterios muy personales, caracterizados por la introspección, el tono reflexivo, la memoria y un lenguaje apoyado en las imágenes, los encuadres y el montaje. Hiroshima, mon amour (1959), visita catorce años después del bombardeo atómico, esta ciudad para recoger su tristeza y falta de esperanza. Un hombre enamorado dice a la mujer que quiere, “Tu n’as rien vu à Hiroshima” y ella le responde “J’ai tout vu”, ya que para Resnais lo importante es ver para recordar. Destaca siempre el valor del recuerdo, que reaparece en sus dos siguientes películas, El año pasado en Marienbad (1963), en la que la realidad parece una pesadilla y en la que hay hallazgos sorpresivos y de gran fuerza expresiva, que encontraremos nuevamente en Muriel ou le temps d’un retour,1966).



Los paraguas de Cherburgo

          
 Autor singular, Jacques Demy, maestro del realismo poético, pleno de humor y ternura, describe amores y desamores cotidianos. Ya su primera película fue un éxito con ritmo de ballet, Lola (1961), protagonizada por Anouk Aimée, que interpreta una bailarina en un cabaret de Nantes. Todos los personajes buscan la felicidad y uno de ellos dice “Vouloir le bonheur est deja le bonheur”. Aun mayor es la repercusión de Los paraguas de Cherburgo (1964), Palma de Oro del Festival de Cannes. Una comedia musical, entre ópera y opereta, cantada al ritmo de los colores, protagonizada por Catherine Deneuve. Poesía y humor en un marco encantado. Un sentido de la poesía distinto había mostrado Georges Franju enfrentándose a un mundo gris y convencional en Ojos sin rostro (1960), un doctor (Pierre Brasseur) y su ayudante (Alida Valli) cambian rostros en una atmósfera de miedo con impresionantes imágenes surrealistas y expresionistas. Otra película muy respetada fue Un coeur gros comme ça (1962) de François Reichenbach, con buena formación musical, autor de documentales de distintas partes del mundo y de retratos de personalidades, desvela un París desconocido que va descubriendo un joven senegalés que llega por su deseo de conocer París y dedicarse al boxeo.


Cleo de 5 a 7

  
           Con sus cortometrajes, Agnès Varda, fue una adelantada de la nouvelle vague. Excelente fotógrafa, poseedora de un humor sarcástico, es autora de la deliciosa y patética, Clèo de 5 à 7 (1962). Rodada en las calles de París, la duración de la película es la misma que el fragmento de vida que recoge de una cantante (Corinne Marchand), a la que acaban de diagnosticar un cáncer. Deambula por las calles parisinas, donde encuentra una amiga frívola y un joven soldado. Muerte y esperanza al mismo tiempo.


La rodilla de Clara



        Frecuentemente se dice que una película es profunda, cuando tiene “mensaje”, sin embargo, el fin auténtico es alcanzar la belleza, como el de una novela o una sinfonía. Contar con un buen argumento es importante, pero  la puesta en escena, la “mirada” del director crea un estilo, consigue una obra bella”,  comentó Eric Rohmer en Barcelona. Su película La collectionneuse (1966) está narrada por el coleccionista de arte, Adrien (Patrick Bauchau), que está en su villa de Saint-Tropez, con un amigo y Haydée (Haydée Politoff), joven frívola que cada noche se acuesta con un muchacho distinto. Un coleccionista de obras de arte frente a una coleccionista de hombres, muestran las dificultades de la amistad hombre-mujer. Eric Rohmer representa el estilo más puro de la nouvelle vague. Su siguiente película, basada en Pascal, La nuit chez Maud (1969), desarrolla el tema favorito de sus “Cuentos morales”, la tentación vencida, solo que en esta ocasión la tentación es Françoise Fabian. Un caballero hundido en un sillón y una joven reposando en su cama, mantienen un duelo verbal en el que las palabras están cargadas de sensualidad. En los actos se vence el deseo, aunque sospechamos que de manera inútil. A continuación, obtiene un éxito de público y de crítica con su más bello cuento moral, Ma nuit chez Maud (1969), un ingeniero (Jean-Louis Trintignant) cree haber recibido un flechazo amoroso en una iglesia, pero después conocerá a Maud (Françoise Fabian). Y deslumbra con La rodilla de Clara (1970), un relato amoroso con una intriga de distintas pistas, como si fuese una película de Hitchcock, con Jean-Claude Brialy, Béatrice Romand, Aurora Cornu y Laurence de Monaghan. De manera metódica y rigurosa Rohmer ha llegado a la cima de su arte.



Maitresse


         Dominada la producción, Barbet Schroeder la combina por la dirección, manteniéndose fiel a los postulados de la nouvelle vague. General Idi Amin Dada (1974) es un singular retrato de este personaje que en 1971 había instalado la dictadura en Uganda. Idi Amin quiso dirigir algunas partes de la película, como la escena en la que preside un Consejo de ministros, celebrado para la película y cuando al frente de sus tropas expone como conquistaría los altos del Golam. Es un sincero retrato de este excéntrico personaje.  A continuación Barbet Schroeder eligió un tema difícil, el sadomasoquismo  en Maitresse (1975). Olivier (Gerard Depardieu) al entrar a robar descubre a su vecina Ariane (Bulle Ogier), vestida de cuero y capa negra, con los instrumentos de tortura-placer y un cliente en una jaula. Ariane insta a Olivier a colaborar y se establecerá una extraña atracción entre ambos. Barbet Schroeder dirigió luego en Hollywood películas por lo general convencionales, intercalando alguna más comprometida, en 1969, More, sobre la adicción a la heroína, y en 1972, La vallée, un viaje liberador de la mujer (Bulle Ogier) del Cónsul de Melbourne. La música de ambas es de los Pink Floyd. Después dirige en Hollywood.


La meilleure façon de marcher, c’est encore la nôtre, c’est de mettre un pied devant l’autre et de recommencer”. De esta popular canción de las colonias escolares, a las que asistió, Claude Miller extrajo el título de su primera película, La meilleure façon de marcher (1975). Había participado como ayudante y guionista en la nouvelle vague. Trabajo con Godard, Bresson y tuvo una especial vinculación con François Truffaut, quien le ayudó a montar esta película. Transcurre inicialmente en una colonia en la que un monitor con aficiones teatrales es descubierto, disfrazado de chica por otro monitor viril y deportivo. Entre ambos se establece una relación difícil y ambigua. Muestra el interés de Miller por la adolescencia y la sinceridad.

   Crítico de “Cahiers du Cinéma”, Jean Douchet, fue en dos ocasiones jurado del Certamen de Cortometrajes” en Barcelona, donde afirmó, que los directores de la nouvelle vaguen, “estaban muy preocupados por la relación entre su mundo interior con el exterior del que percibían impresiones y buscaban una forma para sus películas que expresase la aceptación o clara o el rechazo de ese mundo externo”. Es una reflexión que puede ayudar a entender las obras de los autores de este movimiento cinematográfico.


Un hombre y una mujer


          Inclasificable Alain Robbe-Grillet, representante del “Nouveau roman”, escritor del grupo denominado de la “mirada”, que prefería los objetos a los personajes, su novela “El año pasado en Marienbad” había sido llevada al cine por Resnais. Alain Robbe-Grillet, mejor escritor que director, realizó El Edén y después (1970). La vida de un grupo de jóvenes transcurre entre la Universidad y el café Edén, un palacio de espejos, desdoblamientos de personalidad y sensaciones mágicas. Es el mundo literario de Robbe-Grillet adaptado al lenguaje del cine, pero con reglas y sintaxis propias. Atrajo la brillantez de Claude Lelouch, pero era considerado un director de musicales en el círculo de la nouvelle vague. Tras su extraordinario éxito con Un hombre y una mujer (1966), su estilo y cine adquiere un tono sentimental y en la forma una gran belleza de imágenes. Intentó mostrar la cotidianidad en Vivir por vivir (1967), aunque sus protagonistas no son corrientes. Robert (Yves Montand), reportero famoso de la televisión cambia con frecuencia de amante, pero la última Candice (Candice Bergen) le complica y ve peligrar su
matrimonio con Catherine (Annie Girardot).




    Coincide con la nouvelle vague en el tiempo, pero no pertenece a ella, Jacques Tati, formado en el music-hall, heredero de la pantomima y del humor de Max Linder y Buster Keaton y algunos ven coincidencias con Marck Sennet y Stan Laurel, en cualquier caso, fue un genio descubridor de “gags” visuales y acústicos de gran eficacia, creador del personaje de Hulot, un individuo aparentemente inofensivo y patoso, aunque poseedor de rasgos amenazantes. Llamó la atención con la originalidad de Las vacaciones de Monsieur Hulot (1953) y Mi tío (1958). Tati critica la sociedad moderna y los hábitos convencionales de vida a través de las peripecias de Mr. Hulot con humor suave, que se va convirtiendo en ácido en el transcurso de su obra, especialmente en Tráfico (1971).



       Hay una variedad de directores, todos lectores de libros y admiradores de los grandes directores anteriores con una obra reconocible y destacada, por lo que el lazo de unión de la nouvelle vague es que compartieron la política de autores en el cine, planteamiento que sigue siendo actual.



Directores comentados:

Jacques Rivettem Alexandre Astruc, Françoic Truffaut, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol, Louis Malle, Alain Resnais, Jacques Demi, Georges Franju, Fraçois Reichenbach, Agnes Varda, Eric Rohmer, Claude Lelouch, Barbet Schroeder, Claude Miller, Alain Robbe-Grillet, Jean Douchet, Jean´Dabiel Pollet y Jacques Tati.